Borja Vázquez, CEO de Scalpers, afirmó: "La gente que no emprende es porque no le da la gana. Vivimos en un país privilegiado donde la gente no necesita ayudas para emprender."
Suena bien… pero la realidad es muy distinta.
En España, emprender significa arriesgar tu propio capital desde el primer día. Las ayudas llegan tarde —si llegan— y mientras tanto el emprendedor ya ha asumido riesgos que pueden poner en peligro su proyecto. A esto se suma una burocracia interminable, trámites que parecen diseñados para complicar más que ayudar, y un asesoramiento que muchas veces se queda en discursos sin soluciones prácticas.
Además, vivimos en una cultura que todavía penaliza el fracaso, lo que añade presión y miedo a quienes deciden dar el paso.
Claro que hay ventajas: talento, creatividad, un mercado amplio y un ecosistema que empieza a crecer. Pero decir que “emprender es solo querer” es hablar desde el privilegio.
Emprender aquí es enfrentarse a barreras reales: financiación, burocracia, fiscalidad y una mentalidad que aún no entiende que equivocarse forma parte del camino.
Los sueños se ven… pero también se construyen con esfuerzo, recursos y resiliencia.

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