Hay silencios que no se rompen, pero se transforman. Este poema habla de ese momento en el que, después de tantos años, uno reconoce que lo compartido ya no encuentra su lugar, y que el silencio —aunque duela— también es una forma de cuidado y de cierre.
A veces, lo más honesto es aceptar que los caminos se separan, y que lo que un día fue hogar hoy solo puede ser memoria.

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