Este 2025 ha sido para mí un año difícil: cuatro pérdidas, tres cercanas y una lejana. Es inevitable sentir, añorar, tener recaídas. Y si a eso se suma mi situación personal, la vida se complica aún más.
Sin embargo, diciembre también es un tiempo de pausa. Una ventana abierta hacia la nieve, un niño que espera, una mesa con galletas y leche… símbolos de que incluso en medio del dolor seguimos mirando hacia adelante.
Un año termina, otro comienza. Y aunque se me haga cuesta arriba, sigo buscando transformar lo vivido en claridad. Porque incluso en la pausa, hay presencia.
Los sueños que se ven no siempre son fáciles, pero incluso en la espera, seguimos creando.

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