Ella, a pesar de haber sido rechazada, le ayudó sin rencores. Entonces Leo comprendió que la perfección no sirve si se vive en soledad, y que compartir multiplica la felicidad. Desde ese día, su caja de juguetes estuvo siempre abierta, lista para prestar y para jugar juntos.
Reflexión editorial
El cuento nos recuerda que compartir y acompañar es más valioso que poseer en solitario. En la vida profesional ocurre lo mismo: abrir nuestros recursos, escuchar y colaborar nos permite transformar escenas en claridad.

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